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Consejos y hábitos saludables
En los últimos años ha crecido el interés por comprender cómo ciertas sustancias químicas presentes en nuestro entorno pueden influir en el organismo. Entre ellas destacan los llamados disruptores endocrinos, compuestos capaces de interferir en el sistema hormonal. A pesar de los avances científicos, aún queda mucho por conocer sobre su impacto en la salud humana.


¿Qué sabemos hasta ahora?

Diversas investigaciones, tanto en humanos como en animales, han encontrado asociaciones entre la exposición a estas sustancias y distintos problemas de salud. Entre ellos se incluyen algunos tipos de cáncer, problemas de fertilidad, alteraciones metabólicas como la obesidad o la diabetes, enfermedades respiratorias como el asma y trastornos del desarrollo neurológico.


Un comportamiento diferente al de otros tóxicos

Una de las características más llamativas de los disruptores endocrinos es cantidades pequeñas pueden provocar efectos significativos, mientras que dosis más altas no necesariamente los incrementan. Este fenómeno complica su estudio y la evaluación de riesgos.

Además, en la vida cotidiana no estamos expuestos a una única sustancia, sino a una mezcla de muchas. La ciencia todavía no comprende completamente cómo interactúan entre sí estos compuestos dentro del organismo ni cuáles son sus efectos combinados a largo plazo.


¿Qué son exactamente?

Se trata de sustancias químicas que pueden alterar el funcionamiento del sistema hormonal. Actúan imitando, bloqueando o modificando la acción de las hormonas naturales, lo que puede afectar a procesos clave como el crecimiento, el metabolismo, la fertilidad o el desarrollo cerebral.


¿Dónde se encuentran?

Los disruptores endocrinos están presentes en numerosos productos de uso habitual. Se pueden encontrar en plásticos, cosméticos, textiles, utensilios de cocina, productos de higiene personal y alimentos procesados. También pueden aparecer en algunos alimentos debido a contaminantes ambientales o al uso de pesticidas.


¿Cómo entran en el organismo?

Existen varias vías de exposición:

  • A través de los alimentos y el agua que ingerimos
  • Mediante la inhalación de aire o polvo doméstico
  • Por contacto con la piel, especialmente al utilizar productos cosméticos o de cuidado personal


Posibles efectos en la salud

La exposición a estos compuestos se ha relacionado con diferentes problemas, entre los que destacan:

  • Alteraciones en el desarrollo infantil
  • Enfermedades respiratorias
  • Trastornos metabólicos como obesidad o diabetes
  • Problemas de fertilidad
  • Cambios en el comportamiento o la función cognitiva
  • Mayor riesgo de ciertos cánceres


Etapas de mayor sensibilidad

No todas las etapas de la vida presentan el mismo nivel de vulnerabilidad. El periodo fetal, la infancia y la pubertad son momentos especialmente sensibles, ya que el organismo está en pleno desarrollo y los sistemas hormonales son más susceptibles a alteraciones. Los disruptores endocrinos pueden llegar al feto a través de la placenta, y también se encuentran en la leche materna, por lo que debería minimizarse la exposición de la madre durante el embarazo y la lactancia.


¿Se pueden evitar?

Eliminar por completo la exposición es difícil, pero sí es posible reducirla adoptando algunas medidas sencillas:

  • Limitar el uso de plásticos, especialmente en contacto con alimentos y en el microondas
  • Priorizar alimentos frescos, de temporada y ecológicos, frente a los procesados
  • Utilizar sartenes y ollas de acero inoxidable, vidrio o cerámica sin antiadherente
  • Lavar bien frutas y verduras
  • Leer las etiquetas de los cosméticos y productos de consumo habitual y priorizar productos libres de parabenos, benzofenonas, fenoxietanol, triclosán y parafina líquida.
  • Elegir tejidos naturales
  • Ventilar a diario el hogar, y evitar el uso de perfumes y ambientadores


En resumen,

aunque la evidencia científica continúa evolucionando, ya contamos con suficientes indicios para adoptar medidas de precaución. Reducir la exposición a disruptores endocrinos es una estrategia razonable para proteger la salud, especialmente en las etapas más vulnerables de la vida.

Ariela Mata
Consultora en Embriología Clínica

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